Luego de la Hora Santa, psicólogos católicos ofrecieron un espacio de escucha, primeros auxilios psicológicos y orientación inicial para quienes necesitaban acompañamiento a causa del sismo.

Los colombianos de Manizales acuden a la parroquia Santa Ana para encontrar consuelo en la adoración eucarística, luego del terremoto del 10 de agosto de 2026. | Crédito: Cortesía parroquia Santa Ana de Manizales.

La comunidad católica de Manizales se congregó durante la noche del jueves en un profundo ambiente de oración para hallar paz y contención espiritual, tras la profunda destrucción provocada por el movimiento telúrico registrado el pasado 10 de agosto. Las impactantes imágenes que circularon en plataformas digitales mostraron desde los primeros momentos la magnitud del desastre, destacando especialmente la fachada de la emblemática catedral local con una de sus estructuras gravemente afectada y una torre inclinada hacia la nave central, mientras decenas de ciudadanos buscaban resguardo en la plaza principal de la ciudad.

Ante este escenario desolador, la feligresía acudió masivamente a templos habilitados como el de Santa Ana, uno de los 73 recintos religiosos puestos en funcionamiento por la Arquidiócesis —de un total de 94 templos en la demarcación— para garantizar la continuidad de los servicios litúrgicos y la asistencia espiritual en medio de la emergencia.

Respuesta pastoral frente a la emergencia

La iniciativa comunitaria fue convocada de manera conjunta por el párroco del lugar, el padre Luis Fernando Yepes, y la organización Clínica del Alma, dirigida por el padre Duberley Salazar, con el firme propósito de ofrecer una contención pastoral adecuada a una población profundamente golpeada por la catástrofe natural.

De acuerdo con el balance oficial ofrecido por el alcalde local, Jorge Rojas Giraldo, la emergencia ha dejado un saldo crítico que incluye 6 fallecidos, 211 heridos y más de 4.000 personas damnificadas, además de 590 familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares debido a los severos daños estructurales en viviendas y edificios.

Al respecto, el padre Duberley Salazar explicó que la jornada en la parroquia buscó responder directamente al sufrimiento de “una Manizales golpeada no solamente en sus estructuras, sino también en el corazón de sus habitantes”. Asimismo, el sacerdote añadió: “La Iglesia quiso hacerse presente desde una de sus vocaciones más profundas: ser madre que acoge y hospital para las almas heridas”.

Acompañamiento psicológico y espiritual

Como parte integral de la respuesta humanitaria y pastoral, la tradicional Hora Santa dio paso a un espacio especializado donde un equipo de psicólogos católicos brindó primeros auxilios emocionales y orientación profesional a los asistentes que manifestaban cuadros severos de angustia, temor o estrés postraumático a raíz del movimiento telúrico.

El director de Clínica del Alma detalló que, cuando los casos requerían una intervención de mayor complejidad clínica, los afectados eran derivados de inmediato hacia los canales oficiales de atención especializada.

Eucaristía, reflexión y esperanza

Las actividades comenzaron con una solemne eucaristía concelebrada en memoria de las víctimas mortales, por la pronta recuperación de los heridos, y en favor de todas aquellas personas que perdieron sus patrimonios o que continúan experimentando la incertidumbre del mañana. Posteriormente, durante la adoración al Santísimo Sacramento, el padre Yepes guio la reflexión basándose en pasajes bíblicos clave, como la calma de la tempestad en el mar y el episodio de los discípulos en el camino a Emaús.

El padre Salazar reflexionó sobre cómo el relato de la barca adquirió un profundo significado para los ciudadanos: “En cuestión de segundos, aquello que parecía firme podía estremecerse”, recordando que los discípulos también sintieron temor, pero descubrieron “que Jesús permanecía con ellos dentro de la barca”.

El sacerdote enfatizó además que resignificar el dolor no implica minimizar la tragedia, sino comprender a la luz de la fe que el sufrimiento no define el destino final de las personas. En sus palabras, levantarse tras el impacto “no significa olvidar a quienes murieron, negar las pérdidas ni apresurar el duelo”, sino asumir el compromiso de reconstruir el tejido social y auxiliar a quienes más lo necesitan.

Después de la Hora Santa, se brindó un espacio para las personas que necesitaban consejería psicológica a causa de los efectos del sismo.

Después de la Hora Santa, se brindó un espacio para las personas que necesitaban consejería psicológica a causa de los efectos del sismo. | Crédito: Cortesía parroquia Santa Ana de Manizales.

Para concluir, la autoridad eclesiástica reconoció que la ciudad sigue convaleciente y que la recuperación tomará tiempo, pero subrayó que la presencia de la Eucaristía dejó una convicción inquebrantable en los corazones de los fieles: “El terremoto pudo sacudir la tierra, pero no pudo sepultar la esperanza”.

Manuel García

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