El gobernador estaba molesto con el hijo de AMLO porque tomaba decisiones de política local sin consultarle.

El impacto político en el sureste mexicano

La reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de revocar la visa a Andy López Beltrán ha generado ondas expansivas en el tablero político del estado de Tabasco. Para el gobernador local, Javier May, este escenario representa una ventana de oportunidad estratégica para redefinir su autoridad dentro de la autodenominada Cuarta Transformación (4T) en la entidad.

Durante los últimos meses, la administración estatal ha lidiado con tensiones internas y un nivel de aprobación ciudadana que se sitúa entre los peores evaluados a nivel nacional. Analistas locales coinciden en que la figura del hijo del expresidente había ganado un peso determinante en la toma de decisiones regionales, a menudo desplazando al propio titular del Ejecutivo estatal en asuntos clave de la administración pública.

Disputas por el control político y legislativo

Las fricciones entre el equipo del gobernador y el entorno de López Beltrán se han intensificado de manera progresiva. La injerencia en la estructura del gabinete, la dirigencia estatal del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y el Congreso local ha evidenciado un desplazamiento sistemático de la figura de May en los asuntos que competen directamente al territorio tabasqueño.

Uno de los momentos de mayor fricción ocurrió recientemente con el reacomodo de la legisladora federal Tey Mollinedo, quien fue designada para competir por la alcaldía de Teapa con miras a un posterior cambio de escaño en San Lázaro. Dicha directriz generó un profundo malestar en el mandatario estatal, cuyos planes para esa demarcación respondían a una agenda política y personal completamente distinta.

Alianzas históricas y recelos en la seguridad

En el fondo de esta disputa subyacen viejas rivalidades de los grupos de poder en el sureste. Javier May mantiene una cercanía histórica con el círculo político de Octavio Romero, lo que ha provocado cortocircuitos debido al espacio y la relevancia que el sector afín a Adán Augusto López Hernández —histórico adversario de Romero— ha logrado conservar en la región.

Por su parte, la desconfianza es bidireccional. Desde el entorno cercano a López Beltrán existen recelos hacia la gestión del gobernador, particularmente por haber otorgado un amplio control de la seguridad pública local a Omar García Harfuch. Según fuentes cercanas al círculo de Andy, este último suele señalar al secretario federal de Seguridad como responsable indirecto de las presiones políticas y mediáticas que enfrenta en la actualidad.

Con este nuevo panorama, el gobernador tabasqueño confía en recuperar el margen de maniobra necesario para gobernar sin tutelas externas, en un momento crucial para consolidar su proyecto político frente a las elecciones y desafíos futuros en la entidad.

Redacción

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