Tras conversar con el Cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, Arzobispo de Lima, queda la impresión de estar ante un pastor preocupado por la realidad de sus compatriotas más vulnerables.

Hacia una renovación profunda de la vida pastoral

Tras una amplia conversación con el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, se vislumbra la perspectiva de un pastor profundamente comprometido con la realidad social de sus ciudadanos y, de manera particular, con los sectores de mayor vulnerabilidad. Su trayectoria vital, marcada por los difíciles años de violencia política entre 1980 y 2000 y su labor pastoral en zonas urbanas populares, cimienta una visión orientada a responder a las problemáticas nacionales y a un cuestionamiento central para el porvenir de la institución: ¿cómo debería ser la Iglesia del futuro?

En diálogo con EWTN Noticias, el purpurado, de 76 años de edad, abogó por un modelo eclesial "más dinámico", caracterizado por ser "más laical, menos clerical y más abierta". Su propuesta central descansa en la consolidación de la sinodalidad, el acercamiento efectivo a las nuevas generaciones y una profunda revisión de la preparación ministerial.

Al ser consultado sobre su legado institucional a largo plazo, el prelado respondió con sencillez: "Simplemente como un buen cura", agregando su deseo de ser recordado como alguien dispuesto a reconocer y pedir perdón por sus fallas.

Raíces vocacionales y memoria familiar

La vocación religiosa del Arzobispo se gestó desde su infancia, rememorando juegos infantiles donde celebraba ceremonias litúrgicas simuladas junto a sus hermanas con el apoyo de su tío, el entonces obispo auxiliar Mons. Ignacio Arbulú Pineda. Con 42 años de sacerdocio, su trayectoria incluye pasos previos por el laicado en Acción Católica, la sociología, la docencia universitaria y el trabajo directo con campesinos y mineros en la década de 1970.

Un episodio determinante en su historia familiar ocurrió en 1965, cuando su hermano Ismael perdió la vida tras acudir en auxilio de un amigo asediado. Para el Cardenal, aquel suceso constituyó una lección imborrable de entrega: "Murió dando la vida". Esta vivencia, sumada al testimonio de su padre y su labor en zonas periféricas, reforzó su convicción de que "la gente nos evangeliza".

Superar el individualismo espiritual

El primado peruano sostiene que la transformación eclesial exige modificar la concepción misma de la vivencia cristiana, alejándose de posturas que reducen la fe a una serie de prácticas individuales desconectadas del bienestar comunitario.

“Pero si se reduce a que mi alma se salve, en el sentido de que yo tengo contacto directo, yo rece un montón y ya me consigo la salvación y tengo mi carné de entrada, eso es individualismo, pues no podemos vivir la fe como una especie de aristocracia espiritual”, afirmó.

Como alternativa, promueve un estilo de vida guiado por el ejemplo evangélico: “Misioneramente. Saliendo, dando de comer a la gente, compadeciéndose”. En este esquema, la corresponsabilidad con los fieles resulta vital, destacando que numerosas comunidades locales en Lima ya se sostienen gracias al liderazgo activo de mujeres.

Desafíos en la formación sacerdotal

Uno de los retos pendientes señalados por el jerarca es la actualización del modelo formativo en los seminarios. Aunque reconoce avances, advierte la persistencia de estructuras demasiado rígidas para el mundo que tenemos.

“Yo no digo que no haya que tener normas. No, por el contrario. Lo que pasa es que hay que suscitar las normas en su razón de ser y hay que explicar por qué, y explicar y debatir y ver si hay razonabilidad en los argumentos que damos, porque a veces no hay muchas razones”, sostuvo, cuestionando posturas autoritarias donde se asume que la jerarquía siempre tiene la razón indiscutible.

Sinodalidad y escucha activa a los jóvenes

Respecto al camino sinodal impulsado en la Arquidiócesis de Lima mediante asambleas pastorales, el Cardenal aclaró que la participación comunitaria no equivale a convertir a la Iglesia en un parlamento, sino en un ejercicio constante de discernimiento conjunto.

Asimismo, al abordar su histórica cercanía con los movimientos juveniles, enfatizó la importancia de la confianza y la autoorganización: “Pero esa es la paciencia que hay que tener. Eso lo aprendimos en esa época”. Ante los retos tecnológicos actuales, expresó inquietud frente al impacto de la inteligencia artificial: “La inteligencia artificial no tiene experiencia humana ni sabe lo que es el sentido de la vida. Se necesita volver a una educación de ‘yo te hablo a ti’ y ‘tú me hablas a mí”.

Santo Toribio de Mogrovejo y el carisma misionero

En el marco del año jubilar por los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, el Arzobispo destacó la capacidad de su predecesor para comprender la realidad cultural de los pueblos con "suavidad" y cercanía evangélica.

De igual forma, subrayó que la inminente llegada del Papa León XIV al país, prevista del 11 al 17 de noviembre de 2026, representa una oportunidad propicia para recuperar el sentido misional que históricamente distinguió a la capital peruana. "Cada diócesis en el mundo tiene un carisma propio y la nuestra es un carisma misionero y lo hemos olvidado desgraciadamente un tiempo. El carisma misionero de Lima siempre fue fundamental y lo perdimos", indicó.

Finalmente, el purpurado reiteró su deseo de que la sociedad peruana logre superar sus dificultades estructurales: "Bueno, simplemente como un buen cura", concluyó, deseando que el país conserve su esperanza y vitalidad futura.

Manuel García

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